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Zafra llega con el viento en la voz y la trompeta

Desde pequeña la vimos corretear en el Bazar de las Fatigas, acompañando a su madre en su puesto de ramajes, menjunjes y ungüentos… llevaba encargos, razones, domicilios y paquetes. Recibía también regalos, regaños, coscorrones y halagos de todos en el Puerto. 


Era una hija de la comunidad, criada a pie limpio en sus polvorientas calles. Se sabía la hora de la siesta del Gran roncador y recogía las monedas que dejaba escapar su bolsillo cuando la panza le subía y bajaba acompañada de bufidos de toro. 


Sabía ante quién mostrarse recia y ante quien poner su sonrisa más coqueta. Aprendió rápido de fritos y amasijos y con ellos conquistó corazones y barrigas.  


Ha visto al Sargento en calzoncillos mientras arrastra los pies hacia el caldero humeante de su café mañanero, al Caballero llorando ante cartas curtidas de amores que no fueron, a Diggy Pajarito jugando torpemente a la pirinola… Ella entiende el dialecto tribal de Luka, pero solo por diversión le hace repetir una y mil veces cada una de sus frases enrevesadas. 



Ha estado siempre ahí y está tan presente que jamás la habían notado aún, por estar perdida en el bazar escabulléndose entre el mar de piernas que la tapaban tanto por su habilidad como por su pequeño tamaño… 


Pero ha pasado el tiempo y su pelo nunca para de crecer. Dicen que jamás se le verá envejecer


Hija de la Alondra Pitonisa, una cantora desgarrada. Y se dice que su padre, el cadete Manrique, era un hombre aguerrido quien paradójicamente aprendió del Sargento el arte de evitar la guerra..




Zafra no sabe dónde quedan el norte ni el sur, no ubica una fecha en el calendario, su edad es un misterio para ella pues se mueve en el mundo guiada solo por las corrientes de viento. 


En sus veloces carriolas de 4 rodamientos, atraviesa de la Plaza al Bazar, del Bazar al Malecón, del Malecón al Cinema… Con cada persona que se encuentra tiene el tino de darle el saludo que le arregla el día o el consejo no pedido que más que certeza, entrega risas.


Pesca a ojo y con la mano en el Río Verde… Saluda a los viejos, metiendo mano en los tableros de juego o los naipes echados, para finalizar de una vez por todas las eternas partidas de los aletargados que juegan en las mesas deshechas afuera del Club Panamá, dispuestas para quienes quieren escuchar su música pero aprovechar la luz de la tarde.


Tiene la capacidad de memorizar 125 palabras esdrújulas y conoce el truco (o la trampa) del dado de níquel. Con eso encanta y arrebata los florines de los nómadas que cruzan el Monte Perdido. Su carcajada retumba los domingos de feria y el aceite de corozo que lleva en su piel deja siempre un halo que impregna el aire de las 4 de la tarde


Es su deambular inquieto e incesante, ofrece tragos amargos a las mujeres despechadas que buscan consuelo, brebajes que no quitan la pena pero la hacen olvidar un rato. Vocifera ocurrencias que sobrepasan el pudor. 


Ha roto unos cuantos corazones y a ella se lo han roto también un par de veces: “el amor es un pulso que casi siempre va a destiempo” se le ha escuchado decir en medio de los carnavales cuando se embriaga de baile y guarapo. Desnuda en el río, el Pelotón 28 va y la atisba mientras se fuman un tabaco, observan como nada y se lava su pelo con fragancias de romero. Dicen que un marinero apostó y perdió su barco afirmando que lograría enamorarla, y que un monje politeísta perdió su credo en sus ojos cafés ardientes.


Le encanta ver el atardecer arriba de Monte Perdido, un montículo olvidado del Puerto, que emana un resplandor iridiscente del que parece que nadie se ha percatado, excepto ella. Por eso cada día, cuando va bajando el sol, lo trepa con una agilidad única a bordo de sus carriolas. En el silencio de ese montículo iluminada por sus mágicos brillos hasta entrada la noche, canta y toca melodías olvidadas con su vieja trompeta heredada del mago Fabuloso. Un viajero que cada tanto toma posada en el Puerto. 


Entrada en los vapores del calor de la noche, entierra su mano sobre el negro suelo, lo acaricia para llevarsela a la cara y quedar pintada de un resplandor verde y dorado.




Esa soy yo, la presentación oficial de Zafra el nuevo personaje de Puerto Candelaria y primer sencillo de su álbum Tarde ventura.

Una producción de Merlín Producciones.

Autores: Juancho Valencia y Eduardo González Dirección musical y producción: Juancho valencia Grabación: Gabriel Vallejo y Lucas Tobón Mezcla

Masterización: Gabriel Vallejo

Foto de portada: Theo Ulloa

 
 
 

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